2026-10-15

Web multiidioma: es, ca, en y cuándo merece la pena

Casi todas las conversaciones sobre webs multiidioma empiezan por la pregunta equivocada: cuánto cuesta traducir.

La pregunta correcta es otra: quién va a mantener esas versiones dentro de un año. La traducción inicial es la parte barata y la parte fácil. Lo que arruina los proyectos multiidioma es lo que pasa después.

Este artículo va de eso, y de decidir cuántos idiomas necesita de verdad.

Cuándo se amortiza un segundo idioma

Tres situaciones donde sale a cuenta, y una donde casi nunca.

Vende fuera de España. Sin inglés no le encuentran. Es la más evidente y la que menos discusión genera.

Opera en una comunidad con lengua propia. Ahí el idioma no amplía el mercado, mejora la conversión dentro del mismo mercado. Más sobre esto en el siguiente apartado.

Su cliente extranjero está aquí. Empresas internacionales con sede en España, cuyo departamento de compras trabaja en inglés aunque la empresa esté en Madrid.

Donde no se amortiza: cuando se añade un idioma «por si acaso», sin saber de dónde vendría ese tráfico. Es el caso más frecuente y el que acaba en una versión desactualizada que perjudica más de lo que aporta.

Una comprobación previa que cuesta diez minutos: mire en su analítica de qué países llegan las visitas actuales y en qué idioma tiene configurado el navegador esa gente. Si no hay nadie de fuera hoy, un idioma nuevo por sí solo no los traerá.

El catalán no es solo alcance, es confianza

Este punto se malinterpreta con frecuencia.

Casi todo el mundo en Cataluña entiende castellano perfectamente. Por tanto, desde una lógica estricta de comprensión, el catalán no añade nada.

Pero la decisión de compra no funciona así. Una web en catalán transmite algo concreto: esta empresa opera aquí, no nos atiende desde fuera. Para un proveedor de servicios que compite con empresas locales, eso pesa.

Dónde se nota más: administraciones públicas y sus proveedores, sector educativo y sanitario, comercio de proximidad, y empresas familiares con arraigo local.

Dónde pesa menos: sectores puramente técnicos, empresas cuyo comprador es un departamento centralizado en Madrid, y negocios cuyo cliente es mayoritariamente turista.

Un matiz que conviene tener en cuenta: una versión en catalán mal hecha es peor que no tenerla. Se percibe inmediatamente como un trámite, y transmite lo contrario de lo que se pretendía.

Por qué la traducción automática se nota

La tentación es instalar un módulo que traduzca todo solo. Tres motivos por los que no funciona.

La calidad se ve en la primera ficha de producto. Las descripciones técnicas son justo donde peor rinde la traducción automática: los términos del sector se traducen literalmente y el resultado suena a folleto mal importado.

Los buscadores indexan mal esas páginas. Si la traducción ocurre en el navegador, el robot solo ve el idioma original. Su «versión en inglés» no existe para el buscador.

No hay una URL propia. Si el idioma cambia sin cambiar la dirección, no hay una página distinta que pueda posicionar.

La traducción automática no está penalizada ni es ilegal. Simplemente no aporta nada desde el punto de vista de la búsqueda. No cuesta dinero, pero tampoco lo trae.

La parte técnica: qué se rompe más a menudo

Dos reglas y tres fallos habituales.

Las reglas: una URL propia por idioma y hreflang correcto entre versiones equivalentes.

``` youzhanin.com/es/sites/ castellano youzhanin.com/ca/sites/ catalán youzhanin.com/sites/ inglés ```

Los tres fallos que aparecen una y otra vez:

Referencias incompletas. La versión en castellano apunta a la inglesa, pero la inglesa no apunta de vuelta. El buscador ignora la declaración entera.

Enlaces a páginas que ya no existen. Se rehízo una sección y las referencias quedaron apuntando a direcciones antiguas.

El canonical de todos los idiomas apunta al castellano. Este es el más grave: usted está diciendo al buscador que las demás versiones no cuentan. Y es sorprendentemente común, porque suele ser el comportamiento por defecto de algunos módulos.

Merece la pena comprobar el tercero de forma específica. Anula por completo el valor de las versiones de idioma, y no da ningún aviso.

Un detalle adicional: no ponga hreflang entre artículos del blog que no sean traducciones directas. Si el blog en inglés trata otros temas que el de castellano, no son versiones equivalentes y no deben declararse como tales.

Fichas de producto y páginas estáticas: costes muy distintos

Aquí está la diferencia de presupuesto que casi nadie anticipa.

Las páginas estáticas —inicio, servicios, quiénes somos, contacto, textos legales— son un conjunto cerrado. Entre diez y veinte páginas. Se traducen una vez y cambian poco.

Las fichas de producto son otra escala. Doscientas referencias con descripción, características y variantes pueden costar más que todo el resto de la web junta. Y cada producto nuevo genera trabajo de traducción para siempre.

La solución práctica para catálogos grandes: traduzca las categorías, los textos de navegación y las cien referencias que concentran las ventas. El resto queda en el idioma original, marcado con claridad. No es elegante, pero es lo que hace la mayoría de los catálogos que funcionan.

Antes de encargar nada, cuente cuántas fichas tiene y pida el presupuesto de traducción por separado del desarrollo. Son partidas distintas y conviene verlas por separado.

Quién mantiene las traducciones: el problema real

El apartado más importante y el que menos se habla.

Tres idiomas significan que cada cambio se hace tres veces. Cambia un precio: tres sitios. Añade un servicio: tres textos.

A los seis meses el patrón es casi siempre el mismo: la versión en castellano está al día, la inglesa a medias y la catalana con los precios del año pasado.

Y una página con precios antiguos hace daño activamente. El cliente llega con un precio y se encuentra con otro.

Dos soluciones que funcionan:

Un responsable con nombre que revise todas las versiones una vez al mes. Media hora, en el calendario, como tarea fija.

O menos idiomas, bien mantenidos. Dos versiones actualizadas rinden más que tres abandonadas.

La segunda opción es más honesta de lo que parece, y es la que recomendamos cuando no hay nadie con tiempo asignado para la primera.

Añadir un idioma a una web existente

Depende casi por completo de cómo se construyó la web original.

Si se previó multiidioma desde el principio, añadir una versión es sobre todo trabajo de traducción y configuración.

Si no se previó, hay que tocar la estructura: rutas, plantillas, menús, formularios. Puede costar tanto como una parte del desarrollo inicial.

Por eso vale la pena decidirlo antes de empezar, aunque el segundo idioma llegue dentro de dos años. Dejar la estructura preparada apenas encarece el proyecto inicial; rehacerla después, sí.

Precio y plazos

Trabajo Precio Plazo
Segundo idioma (páginas estáticas) desde 400 € 1-2 semanas
Idioma adicional a partir del tercero desde 300 € 1 semana
Preparar una web existente para multiidioma desde 600 € 1-2 semanas
Traducción de catálogo según volumen según volumen

Precios sin IVA. La traducción de textos va aparte: nosotros montamos la estructura, los textos los traduce un traductor. No traducimos y no fingimos que lo hacemos.

En resumen

Un idioma más funciona cuando tiene URL propia, hreflang correcto y alguien que lo mantiene vivo. Los tres, no dos de tres.

Antes de encargar nada, responda a una pregunta: ¿quién actualizará todas las versiones dentro de un año? Si no hay respuesta, empiece con menos idiomas.

Escríbanos de dónde vienen sus clientes y cuántas fichas de producto tiene. Le diremos qué idiomas necesita de verdad y cuál puede esperar. Presupuesto en un día laborable.

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